LA PREPARACIÓN DE LA CELEBRACIÓN
El sacristán
El hecho de que esté todo preparado y acomodado es importante para el clima de la celebración. Sus encargos son:
Cualidades:
La sensibilidad y el buen gusto son importantes virtudes del sacristán.
Debe haber dignidad y sencillez, sin lujo.
No debe admitir desorden, flores marchitas, manteles sucios, objetos antiestéticos,
flores de plástico, ni velas de imitación.
No debe haber cosas sobre el altar. En cambio conviene dejar el Leccionario o la Biblia
sobre el ambón.
Los micrófonos (si hay) en sus sitios. El Leccionario preparado en las lecturas del día.
Los cancioneros distribuidos.
Cualidades humanas: madurez, sentido de responsabilidad, puntualidad, espíritu ordenado, pero sobre todo capacidad de relación humana, facilidad para trabajar en equipo. No es el supremo encargado: es parte de un equipo. No es dueño, es servidor. Paciente (con la gente, los chicos, los sacerdotes desordenados...), de buen humor.
Cualidades técnicas: buen manejo del equipo de sonido, de la iluminación, buen gusto para distribuir los adornos y objetos. A veces debe ser capaz de atender la secretaría.
Conocimientos litúrgicos: conocer la celebración y sus momentos, los tiempos litúrgicos y las fiestas, los libros. Debe saber leer inteligentemente las introducciones de los libros. No debe andar por el presbiterio durante la celebración.
Calidad de fe: se ve en la forma y respeto con que trata los elementos con los que trabaja. Es "muy visible" para los ocasionales (bautismos, bodas, exequias). No familiarizarse demasiado con lo sagrado. Su trabajo puede ser oración.
Hay que darle oportunidades de formación (especialmente litúrgica).
Que forme parte del equipo de liturgia.
Este artículo originalmente fue confeccionado en base a la bibliogafía recomendada y a la experiencia de los autores, para uso de la Escuela de Servicios y Ministerios de la Diócesis de Viedma (Argentina).