El tiempo de Israel
Introducción al Antiguo Testamento
 

CAPÍTULO VI: LA MONARQUÍA

(1 y 2 de Samuel; 1 y 2 de Reyes; 1 y 2 de Crónicas)

El último juez es Samuel. Era un profeta y un hombre consagrado, desde su nacimiento, al servicio de Dios.

Samuel crecía, Yhwh estaba con él y no dejó caer en tierra ninguna de sus palabras. Todo Israel, desde Dan hasta Berseba, supo que Samuel estaba acreditado como profeta de Yahvé. Yhwh continuó manifestándose en Siló, porque en Siló se revelaba Yhwh a Samuel mediante la palabra de Yhwh.
La palabra de Samuel llegaba a todo Israel.
(1 Sam 3,19--4,1a)

El pueblo quiere tener un rey como lo tienen los otros pueblos. Dios se lo concede, y el primer rey fue Saúl. El rey es el ungido, el señalado de Dios. Es importante notar que el origen de la monarquía no fue bien visto por todos. Hubo una fuerte oposición por parte de quienes sostenían que no puede haber para el pueblo elegido otro Dios que no sea el mismo Yhwh.

Disgustó a Samuel que dijeran: "Danos un rey para que nos juzgue" y oró a Yhwh. Pero Yhwh dijo a Samuel: "Haz caso a todo lo que el pueblo te dice. Porque no te han rechazado a ti, me han rechazado a mí, para que no reine sobre ellos. Todo lo que ellos me han hecho desde el día que los saqué de Egipto hasta hoy, abandonándome y sirviendo a otros dioses, te han hecho también a ti. Escucha, sin embargo, su petición. Pero les advertirás claramente y les enseñarás el fuero del rey que va a reinar sobre ellos."
Samuel repitió todas estas palabras de Yhwh al pueblo que le pedía un rey, diciendo: "He aquí el fuero del rey que va a reinar sobre vosotros. Tomará vuestros hijos y los destinará a sus carros y a sus caballos y tendrán que correr delante de su carro. Los nombrará jefes de mil y jefes de cincuenta; les hará labrar sus campos, segar su cosecha, fabricar sus armas de guerra y los arreos de sus carros. Tomará vuestras hijas para perfumistas, cocineras y panaderas. Tomará vuestros campos, vuestras viñas y vuestros mejores olivares y se los dará a sus servidores. Tomará el diezmo de vuestros cultivos y vuestras viñas para dárselo a sus eunucos y a sus servidores. Tomará vuestros criados y criadas, y vuestros jóvenes y asnos, y los hará trabajar para él. Sacará el diezmo de vuestros rebaños y vosotros mismos seréis sus criados. Ese día os lamentaréis a causa del rey que os habéis elegido, pero entonces Yhwh no os responderá."
El pueblo no quiso escuchar la voz de Samuel y dijo: "¡No! Tendremos un rey y nosotros seremos también como los demás pueblos: nuestro rey nos juzgará, irá al frente de nosotros y combatirá nuestros combates." Oyó Samuel todas las palabras del pueblo y las repitió a los oídos de Yhwh. Pero Yhwh dijo a Samuel: "Hazles caso y haz que reine sobre ellos un rey." Samuel dijo entonces a los hombres de Israel: "Volved cada uno a vuestra ciudad."
(1 Sam 8,6-22)

1.- David

A Saúl le sucede David (año 1010). David es el constructor de la unidad de Israel y esa unidad es fruto de largas luchas. Partiendo de tribus con frecuencia rivales y hasta enfrentadas en guerras fratricidas, hará un pueblo verdaderamente unido. Le da una capital política y religiosa: la ciudad de Jerusalén. La historia de Jerusalén estará siempre muy unida a la dinastía davídica. En el trono de David y en la ciudad de David, va a apoyarse la esperanza de Israel. (Al Mesías se lo espera como a un Hijo de David; a Jerusalén se la concibe como el centro del mundo futuro.)

Hombre religioso, David es un rey "según el corazón de Dios", es decir, atento y dócil a la voluntad de Dios. Quiso que Jerusalén, además de ser la ciudad del rey, fuera también, y principalmente, la ciudad de Dios. Por eso depositó en ella el arca de la alianza. Desde entonces, Jerusalén será el lugar de la presencia de Dios en medio de su pueblo.

David supo llevar a cabo la misión religiosa de la monarquía, junto con su deber político. Demostró que él mismo, como rey, quería estar totalmente al servicio de Dios. Su preocupación por el culto no era menor que la que tenía por el bienestar material del pueblo. En ese entonces, Dios, por boca de Natán, el profeta, le dice a David que uno de sus descendientes estará para siempre en el trono.

Ahora, pues, di esto a mi siervo David: Así habla Yhwh Sebaot: Yo te he tomado del pastizal, de detrás del rebaño, para que seas caudillo de mi pueblo Israel. He estado contigo dondequiera has ido, he eliminado de delante de ti a todos tus enemigos y voy a hacerte un nombre grande como el nombre de los grandes de la tierra. Fijaré un lugar a mi pueblo Israel y lo plantaré allí para que more en él; no será ya perturbado y los malhechores no seguirán oprimiéndolo como antes, en el tiempo en que instituí jueces en mi pueblo Israel; y te daré paz con todos sus enemigos. Yhwh te anuncia que Yhwh te edificará una casa. Y cuando tus días se hayan cumplido y te acuestes con tus padres, afirmaré después de ti la descendencia que saldrá de tus entrañas, y consolidaré el trono de su realeza. (Él constituirá una casa para mi Nombre y yo consolidaré el trono de su realeza para siempre.) (2 Sam 7,8-13)

Esta profecía señala el punto de partida del mesianismo real, es decir de la convicción de que el futuro mesías sería un rey y descendiente de David. Es la confirmación de la alianza: un sucesor de David reinará sobre todos los pueblos y para siempre.

En la anunciación del ángel a María en la que se le revela que será la madre del Mesías, habrá una referencia explícita a esta profecía:

"El será grande y llamado Hijo del Altísimo, y le dará el Señor el trono de David, su padre; reinará en la casa de Jacob por los siglos y su reinado no tendrá fin". (Lc 1,32-33)

David llegará a ser muy poderoso. Habiendo centralizado en Jerusalén el poder no sólo civil sino también el religioso, desea construirle a Dios un gran templo donde depositar el Arca. Por revelación profética se entera de que no será él quien le construya una casa a Dios, sino que Dios le construirá una "casa" (dinastía) a él.

A pesar de sus grandes cualidades David no deja de ser un gran pecador. Arrastrado por la pasión y el orgullo, comete un doble pecado: adulterio y asesinato. El reconocimiento leal de su falta y el arrepentimiento profundo y sincero lo dispusieron a recibir el perdón de Dios.

David ve llegar sus últimos días; ya viejo, decide nombrar a su hijo Salomón como su sucesor. David pasó a la historia de Israel como el rey ejemplar; fiel a Dios, a pesar de su humana condición de pecador.

2.- Salomón

Recibe un reino unificado y lleno de posibilidades. Su reinado se caracteriza por las grandes construcciones edilicias y por el auge del comercio, tanto interno como externo. El templo de Jerusalén es la obra maestra de Salomón: el sueño de David fue concretado por su hijo. En el núcleo del templo es colocada el Arca como signo de la presencia vigilante y protectora de Dios en medio de su pueblo.

Este rey también pasa a al historia como un gran sabio. Tanto por su habilidad comercial como por su conocimientos diversos acerca de la naturaleza; pero muy particularmente famoso por su capacidad judicial. Hacer justicia es la mayor responsabilidad de un rey, y la tradición lo presenta como eminente en ese campo.

3.- Sabiduría y Pecado

La visión inicial de la Biblia sobre Salomón es optimista. Su juicio definitivo, en cambio, es pesimista ("Por eso te concedo lo que pides; te doy sabiduría e inteligencia como nadie la tuvo antes de ti ni la tendrá después." 1 Re 3,12).
¿Qué ha pasado?

Por un lado el peso de la monarquía abría profundas grietas en las estructuras sociales. Las conquistas habían terminado y el comercio internacional no compensaba los gastos ingentes de las construcciones, del lujo de la capital y de la misma máquina administrativa. Para salir al encuentro de tales apreturas, Salomón recurrió al trabajo forzado de sus súbditos. El país que se convertía de agrario en urbano y embrionariamente industrial, asistía a una notable diferenciación de clases. La riqueza era controlada por pocas manos. La "sabiduría" salomónica acrecentaba la gloria personal del monarca, no tanto el bienestar de su súbditos; todo esto, a pesar del esfuerzo de algunos círculos para entender positivamente la actuación respecto de la justicia.

Con la civilización, se filtraban en Israel multitudes de dioses cananeos. Muchos de ellos traídos por las mismas esposas extranjeras del sabio rey. Estas mujeres torcieron su corazón. El Monte de los Olivos iba convirtiéndose en un pequeño "Olimpo", o una "internacional" de dioses extranjeros. Este gravísimo pecado constituía una ruptura de la alianza y preparaba la ruina del mismo reino.

En este contexto histórico-existencial, podemos ubicar la reflexión sobre el origen del pecado en la creación; el pecado de los primeros padres (Gen 2-3). Había que explicar la actitud de Salomón, cuya fidelidad a la Alianza se deslizaba en rápida pendiente. Ese pecado de Salomón -y todo pecado- debía tener su arquetipo, su modelo de origen. Salomón es presentado como un segundo Adán que se deja tentar por Canaán y Egipto, países civilizados y aficionados a los cultos de la fertilidad (la serpiente). La serpiente, símbolo de la sabiduría y de la vida. Salomón es un rey sabio, cuya riqueza y poderío, lo asemejaban a un "dios". Salomón "come" del árbol de la ciencia del bien y del mal. Las mujeres extranjeras le "ofrecen" el fruto apetecible, como Eva le ofreciera a Adán. Salomón se convierte en "dios", pero a costa de Dios. El rey, transmisor de las promesas y bendiciones, se había hecho indigno. Su pecado contra Dios pone en crisis la continuidad de las bendiciones divinas y de la promesa. Se puede conjeturar, así, que la narración del primer pecado, tiene como trasfondo la ruptura de la Alianza que obrara el rey Salomón. Un hecho del presente -el pecado de Salomón- hace reflexionar al pueblo sobre el origen de la maldad humana.

En la tradición del pecado original hay elementos anteriores a la época salomónica, pero su redacción actual refleja muy bien el ambiente del tiempo de Salomón.

Constatamos de esta manera que la primera de las grandes tradiciones literarias que forman la Biblia, la tradición YAHVISTA, (Y), comienza a escribirse en el siglo X, y es una reflexión religiosa sobre los orígenes. La tradición yahvista se interesa menos de la cosmogonía -o sea, del origen de lo creado- que de la actuación del hombre en el mundo y en la historia de la salvación. Su centro de interés es la Promesa y la vocación de los padres del pueblo y opuesta abiertamente al avance del mal en la historia humana. A veces aparece criticando el avance cultural o artístico como ocasional instrumento de desviación religiosa, porque, de hecho, llevó a Salomón hasta la apostasía religiosa; no porque el progreso sea opuesto a los planes de Dios. Al contrario, las promesas salvíficas, hasta ese momento, se sitúan precisamente en el plano del progreso histórico y sólo en el ambiente terrestre; aún no hay noción de trascendencia más allá de la historia humana.

Todo el interés del mensaje en la Biblia, está centrado en la afirmación de Yhwh como único Dios en la Historia salvífica. Lo demás, es un esquema provisorio.

La reflexión sobre el pecado prototípico que explica la postura de Israel en la época salomónica, demuestra una vez más que la revelación es progresiva y va desarrollándose en la historia. Así, la doctrina del pecado original emergió en una situación particular que obligó a una reflexión a la luz de la experiencia religiosa precedente. Y como ésta -la historia- aparece fundada en la presencia salvadora de Dios, el mismo relato del pecado de los primeros padres concluye con una nota de esperanza. La lucha de la mujer (|| el pueblo de Israel) contra la serpiente, preanuncia veladamente la victoria de la fe en Yhwh sobre las formas religiosas extranjeras. Pero entre tanto sucede el castigo. La tradición popular imagina los castigos originales con las características propias del tiempo en que fuera escrita dicha tradición. El primer hombre no era agricultor, pero sí lo era el hebreo establecido en Canaán. Por eso el castigo del hombre está referido al trabajo de la tierra. El de la mujer, al dolor de parto, no porque deba ser así, sino porque es su sufrimiento prototípico.

Lo importante es el mensaje que se quiere transmitir: las limitaciones y penas que ahora padece la humanidad tienen su razón propia en las acciones libre de los primeros hombres.

Es importante notar que este remontarse hacia los orígenes a partir de una experiencia histórico-religiosa, es un camino de revelación porque se hace en el contexto de tradición salvífica. No importan los detalles del drama primordial, sino las conexiones entre el pecado actual y el primero, que es su modelo. Guiado por la fe en el Dios de la alianza, Israel extrae un mensaje salvador de los mitos sobre los orígenes.

4.- La División del Reino: Judá e Israel

Al morir Salomón (año 922), lo sucede su hijo Roboam. Bajo su reinado se dará la escandalosa división del reino. La infidelidad de Salomón a la alianza se prolonga en su hijo. El cisma habrá de ser el amargo fruto de ese pecado.

Cuando Roboam promete acrecentar el despotismo de su padre, las tribus del norte que eran las más oprimidas, deciden separarse de Jerusalén. Capitaneados por Jeroboam, forman el reino de Israel. Al reino del norte se le llamará Israel. Judá será llamado el reino del sur, cuya capital seguirá siendo Jerusalén. Esta es la denominación política de los dos reinos, pero "religiosamente", siempre que se habla del pueblo elegido se lo llama "pueblo de Israel".

Hábil político, Jeroboam restaura los lugares donde corrieran las vidas de los Patriarcas. Para dar un centro religioso a Israel, de manera que los suyos no bajaran al templo de Jerusalén, reflota los antiguos lugares de culto en Betel y en Dan. Así, aislando a Israel, impide el riesgo de una futura fusión con Judá, el reino del sur. También a impulso de este mismo líder se comienzan a poner por escrito las historias propias de esa región, con lo que se da origen a una nueva tradición bíblica, la tradición ELOHISTA. (E). Tiene una teología distinta a la que se encuentra en la tradición yahvista.

Se interesa por la experiencia religiosa vivida por las tribus norteñas relacionada con la experiencia patriarcal. Como suele suceder, las tradiciones de hechos pasados, son releídas desde la experiencia del presente. La historia de José nos ofrece un hecho ilustrativo. Mientras que la tradición yahvista dice que el defensor de José fue Judá, la tradición elohista presenta a Rubén como el personaje simpático. (La tradición YAHVISTA se llama así porque designa siempre a Dios por su nombre Yhwh; en cambio la ELOHISTA lo designa como Elohim.)

La elohista no podía ocuparse tanto de Jerusalén y de la alianza de Dios con David, de ahí que su centro de interés sea la alianza de Dios con Abraham y, especialmente, la del Sinaí (que la elohista designa como monte Horeb).

Jeroboam es acusado por la Biblia de ser proclive a romper la alianza por su inclinación a los dioses extranjeros. Los reyes que lo sucedieron no fueron mejores que él. Al contrario. Esos pecados de los reyes fueron preparando el desastre que habría de suceder en el año 722. Salmanasar V, rey asirio, invade y todo lo arrasa pasando a ciudades y campos por el fuego. Los israelitas son deportados hacia otros lugares asirios, y nuevos habitantes se afincan en la que había sido su tierra. Así aparecen en escena los "samaritanos"; los menciona el Evangelio, y aún quedan pequeños grupos de ellos en la Palestina de hoy.

La Biblia ve a la ruina de Israel como un castigo de alianza.

5.- El Reino de Judá

Con la institución de la monarquía había comenzado un segundo ciclo mayor de la historia salvífica. El rey es la figura central: lugarteniente de Dios y representante del pueblo, es él quien condiciona la continuidad de los planes divinos. Por eso los profetas predican más en la corte y en las capitales que en las aldeas. El rey, por su parte, está ligado al Templo que, a su vez, es la residencia del Dios del pueblo.

Por ello, realeza, sacerdocio y profetismo no representan movimientos opuestos, sino convergentes. Reyes, sacerdotes y profetas son los conductores de la historia. Sólo que el profeta es un carismático y no pertenece a una institución regulada por los hombres; por eso no se deteriora. Es el auténtico portavoz de Dios, el intérprete de la historia, el orientador por antonomasia. Es el profeta también quien asegura e interpreta la función profunda del rey en la historia.

El pacto de Dios con David tiene una significación que va más allá de la realidad histórica inmediata. Es figura del EMMANUEL = JESUCRISTO (2 Sam 7). La época monárquica es un ciclo más claramente orientado hacia Jesucristo. Se da un nuevo escenario a la promesa: el rey, hijo adoptivo de Dios, y la presencia del templo, hacían que el mismo Dios se viera más comprometido con la tierra y la historia. Se podría así vislumbrar un oscuro anuncio de la encarnación.

Pero el gran logro del tiempo de la realeza, debido especialmente a los profetas, está en crear la conciencia de que ese "Dios-con-nosotros" debía ser el objeto de la esperanza. La histórica profecía de 2Sam 7 era la semilla del mesianismo que había comenzado a germinar en terreno histórico, aunque mezclados aún trigo y cizaña. A fuerza de cortar Dios la cizaña (= los reyes infieles), el pueblo debía aprender a cultivar el trigo auténtico.

La inicial idea de un Israel ideal y poderoso había sido podada por la división del reino primero, y por la ruina de Samaria (el reino del norte), después, en el año 722. El reino ideal había quedado reducido a poco más de dos tribus. ¿Acaso no es éste un aviso para Judá, el reino del sur? Pero no. Muchos teólogos cortesanos de Jerusalén no lo entendieron así y se vanagloriaron: "Dios no eligió al reino de Israel, sino al reino de Judá" decían. No sospechan que la misma tribu de Judá pueda llegar a ser desplazada algún día.

Se fue reduciendo el destinatario de la promesa hasta concentrarse en uno: Jesús, el Cristo. Pero Él universalizaría la destinación de la promesa salvífica ampliando el horizonte de la elección a todos los hombres.

Se fue reduciendo el destinatario de la promesa hasta concentrarse en uno: Jesús, el Cristo. Pero Él universalizaría la destinación de la promesa salvífica ampliando el horizonte de la elección a todos los hombres.

a.- La Reforma de Josías

Los reyes del sur no fueron mejores que los de Israel. Sólo dos de ellos merecen una alabanza por parte de la narración bíblica. Enunciemos la lista de reyes de Judá, desde la destrucción del reino del norte hasta el exilio en Babilonia: Ezequías, Manasés, Amón, Josías, Joacaz, Joaquim, Joaquín y Sedecías.

Ezequías. (2R 18-20). Hace una reforma en bien del yahvismo, pero su hijo Manasés (2R 21), destruye lo que había logrado su padre. De Manasés dice la Biblia que era idólatra, peor que los cananeos. Se alió a pueblos que sólo perjudicaron a Judá.

El otro rey ejemplar fue Josías (2R 22-23.25). Su reinado se caracterizó por un minucioso retorno a la fe de los padres y a las mejores tradiciones davídicas. Destruyó los santuarios y altares idólatras existentes en toda la extensión de la tierra prometida. Hay una cierta semejanza con la acción unificadora de David. Manda refaccionar en el templo y en él se encuentra un libro de la alianza, hasta entonces desconocido. Había de ser el núcleo fundamental del libro del Deuteronomio. Josías ve entonces la conveniencia de renovar la alianza para renovar la fe del pueblo en Dios que se encontraba visiblemente disminuida y deteriorada. El rey reúne al pueblo en el templo, le lee el libro recién encontrado, y el pueblo renueva solemnemente la alianza, comprometiéndose a cumplir fielmente las cláusulas de la misma. Corría el año 622.

b.- La tradición del Deuteronomio (D)

Si bien hay muchas teorías sobre su origen, hoy día se prefiere relacionarlo con el hallazgo del libro en el Templo en tiempos del rey Josías; al menos en lo que se refiere al núcleo central u originario (Dt cc 5-28).

Es la tradición más extensa y conservada. Comienza con el libro del Deuteronomio y se extiende a través de Josué, Jueces, y Samuel, hasta los libros de los Reyes, o sea, hasta el exilio.

En el Deuteronomio, en su núcleo original, se puede descubrir con toda claridad la estructura de alianza. Es el más expresivo y el más elocuente de todo el A.T.. Su insistencia en la ley de Moisés está llena de calor; no reclama su cumplimiento externo como garantía de justificación humana, sino de un corazón sensible y abierto al Dios de los Padres, del Éxodo y del Sinaí. En cada una de sus páginas encontramos una elocuente manifestación de la bondad de Dios. La respuesta al tierno amor de Dios es la fidelidad en los compromisos. Es el gran documento de la renovación de la alianza.

6.- El Exilio

Lamentablemente la reforma de Josías de poco servirá a sus sucesores. Le sucede en el trono su hijo Joaquim (609-598). Dista mucho de ser como su padre. Pronto romperá la alianza.

Es el momento en que el profeta Jeremías levanta su voz llamando a la conversión. Comienza a predicar el desastre futuro como lógica consecuencia de la infidelidad del rey y de su pueblo a la alianza con Dios. Anuncia que el templo será arrasado. Y su voz escandaliza, ya que están convencidos de la indestructibilidad del Templo. A pesar de las profecías de Jeremías, los corazones no cambian. Es el tiempo en que va creciendo el imperio caldeo y su rey Nabucodonosor va adquiriendo una importancia suma. Los profetas empiezan a ver a este rey de los caldeos como un elegido de Dios para castigar al rebelde pueblo judío.

En este contexto de infidelidades a la alianza y de peligro de desastre nacional, surge la gran profecía de Jeremías vaticinando una Nueva Alianza, que no sería ya un documento escrito en tablas de piedra sino en el interior de los corazones humanos y que permanecerá para siempre.

Van a llegar días -oráculo de Yhwh- en que yo pactaré con la casa de Israel (y con la casa de Judá) una nueva alianza; no como la alianza que pacté con sus padres, cuando los tomé de la mano para sacarlos de Egipto; que ellos rompieron mi alianza, y yo hice estragos en ellos -oráculo de Yhwh-. Sino que ésta será la alianza que yo pacte con la casa de Israel, después de aquellos días -oráculo de Yhwh-: pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo. Ya no tendrán que adoctrinar más el uno a su prójimo y el otro a su hermano, diciendo: "Conoced a Yhwh", pues todos ellos me conocerán, del más chico al más grande -oráculo de Yhwh-, cuando perdone su culpa y de su pecado no vuelva a acordarme. (Jer 31,31-34)

En el año 598 Jerusalén es sitiada por el ejército de Nabucodonosor. Al morir Joaquim, le sucede en el trono su hijo Joaquín. No es mejor que su padre. Su reinado es efímero. Sólo de tres meses. El 16 de marzo del 597 los caldeos entran en la derrotada Jerusalén. Todo los notables, encabezados por el mismo rey, son deportados a Babilonia. El templo y los palacios son saqueados, y robados todos sus tesoros. Judá queda devastada y empobrecida. Al frente del pueblo es colocado un títere: Sedecías, tío de Joaquín, que no mejorará la línea trazada por su sobrino. Finalmente, en agosto del mismo año, deportado también el endeble Sedecías, templo y palacio real son destruidos e incendiados. La ciudad Santa, Jerusalén, ya no existía. Todos los habitantes son deportados, quedando en Palestina sólo algún pequeño grupo de campesinos.

Para comprender en parte la desolación de los judíos conviene ver el Salmo 137
y el libro de las Lamentaciones.

A orillas de los ríos de Babilonia,
estábamos sentados llorando,
acordándonos de Sión.
En los álamos de la orilla
colgábamos nuestras cítaras.
Allí mismo nos pidieron
cánticos nuestros deportadores,
nuestros raptores alegría:
"¡Cantad para nosotros
un canto de Sión!".
¿Cómo podríamos cantar
un canto de Yhwh
en un país extranjero?
¡Si me olvido de ti, Jerusalén,
que se me seque la diestra!
¡Se pegue mi lengua al paladar
si no me acuerdo de ti,
si no exalto a Jerusalén
como colmo de mi gozo!
Acuérdate, Yahvé,
contra la gente de Edom,
del día de Jerusalén,
cuando decían: ¡Arrasad,
arrasadla hasta sus cimientos!
¡Capital de Babel, devastadora,
feliz quien pueda devolverte
el mal que nos hiciste,
feliz quien agarre y estrelle
a tus pequeños contra la roca!
[Salmo 137(136),1-9]

El desastre de Jerusalén tuvo una resonancia tremenda. Era residencia de Yhwh, el Dios de la Promesa y de la Alianza. El Dios de la historia salvífica. Allí estaban el Templo y el Arca. Allí residía la dinastía sagrada objeto de las promesas de Dios (2 Sam 7). ¿Acaso la Promesa quedará anulada? ¿Acaso la experiencia de Alianza es pura experiencia efímera?

Ha fracasado un ideal. Pero Dios reformulará sus planes. O mejor, enseñará el verdadero sentido de sus designios de siempre.

Entonces, podemos dividir, en grandes líneas, la historia de Israel en dos etapas:
- Desde Abraham hasta Salomón: hay un proceso de irrupción en la historia
  y una evolución hacia la grandeza política y cultural.
- Desde el cisma hasta la venida de Cristo: se va perfilando la verdadera vocación
  universalista de Israel.

Para orar y reflexionar: Salmo 122(121)

Canción de las subidas. De David.
¡Qué alegría cuando me dijeron:
Vamos a la Casa de Yahvé!
¡Finalmente pisan nuestros pies
tus umbrales, Jerusalén!
Jerusalén, ciudad edificada
toda en perfecta armonía,
adonde suben las tribus,
las tribus de Yahvé,
según costumbre en Israel,
a dar gracias al nombre de Yahvé.
Allí están los tronos para el juicio,
los tronos de la casa de David.
Invocad la paz sobre Jerusalén,
vivan tranquilos los que te aman,
haya calma dentro de tus muros,
que tus palacios estén en paz.
Por amor de mis hermanos y amigos
quiero decir: ¡La paz contigo!
Por la Casa de Yahvé, nuestro Dios,
pediré todo bien para ti.
[Salmo 122(121),1-9]


Bibliografía recomendada:

Para leer la Biblia - J. Bagot y J. Dubs - Ed. Verbo Divino - Estella 1991
Para leer el Antiguo Testamento - E. Charpentier - Ed. Verbo Divino - 1991
Historia de la salvación - J. Croatto - Ed. Paulinas - Florida 1983
Cuando entres a la tierra - AA.VV. - Ed. Claretiana - Buenos Aires 2000
Introducción a la Biblia - Robert-Feuillet - Ed. Herder - Barcelona 1965
Biblia de Jerusalén - Ed. DDB - Bilbao 1998
El Libro del Pueblo de Dios - Ed. Paulinas - Buenos Aires 1991
La nueva Biblia Latinoamericana - Ed. Paulinas-V.Divino - Madrid 1995

Este artículo originalmente fue confeccionado por el P. Gustavo Vietti en base a la bibliogafía recomendada, para uso de la Escuela de Servicios y Ministerios de la Diócesis de Viedma (Argentina).


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