El tiempo de Israel
Introducción al Antiguo Testamento
 

CAPÍTULO II: MOISÉS Y EL ÉXODO

En el Éxodo, el Dios de la historia de salvación, el Dios de los Padres, el Dios de Abraham, de Isaac y de Jacob, es un Dios Personal y Activo. Es el Dios de la historia que sigue salvando aún hoy, a los hombres. Se manifiesta como el que salva a los hombres en pueblo. Así, el Pueblo que sale de Egipto es figura real del Pueblo futuro, la Iglesia.

El hombre, cautivo de sus limitaciones, cautivo del pecado y de sus consecuencias, no puede alcanzar por sí mismo la salvación. Sólo Dios es liberador. Sólo El es salvador. Pero libera al hombre a través del hombre mismo, por la mediación de la solidaridad humana. (Por esa misma razón, Él mismo se hará hombre: en Jesús de Nazaret -el Cristo de Dios y Dios mismo- y en Él la humanidad toda encontrará la salvación).

Moisés, liberador de Israel, anuncia y prefigura a Cristo, liberador de la humanidad toda.

    Moisés y Cristo:   (J. Crisóstomo, Catequesis 3; Lit. Horas, tomo II, lunes II)
el faraón se hunde -
cruce del Mar Rojo -
liberación de Egipto -
rostro velado de Moisés -
la nube los seguía -
encontraron el desierto -
"el más humilde del mundo" -
trajo el maná -
hizo surgir agua -
el diablo es vencido
cruce del dominio de la muerte
liberación del pecado
ver la gloria del rostro de Cristo
el Espíritu está con nosotros
encontraremos el cielo
se hizo el servidor de todos
nos dejó el alimento eterno
brotan fuentes de agua viva

Al salir de Egipto los hebreos tuvieron una vívida experiencia de Dios y de su acción salvadora. El recuerdo del Éxodo impregna todas las páginas de la Biblia. Representa, en el seno del Antiguo Testamento, el pilar más destacado de la historia de salvación. Por eso, los grandes temas del libro del Éxodo -que relata esa epopeya- se perpetuaron en las relecturas judías y cristianas. De ahí la importancia de esta etapa de la Historia de Israel para comprender el desenvolvimiento del Plan salvífico.

1.- Israel en Egipto

El silencio de Dios ha sido duro y prolongado. Durante varios siglos su voz no ha resonado para retomar la promesa hecha a Abraham. En tiempos de José y por bastantes años después, la vida de los hebreos había sido promisoria en el Egipto. Pero después los tiempos cambiaron y también cambió su suerte. Cayeron en manos del despotismo faraónico.

En tiempos del faraón Ramsés II se hicieron grandes construcciones. Utilizaron para ello un numeroso ejército de esclavos. Muchos de ellos eran hebreos que, debido a un cambio de dinastías entre los egipcios, habían caído en desgracia y eran oprimidos y esclavizados. Fueron obligados a realizar los trabajos más duros. Sin embargo el número de los hebreos seguía creciendo. Se temió que por su elevado número, algún día podrían llegar a hacer peligrar el poder de los egipcios. El faraón mandó entonces que todos los hebreos varones que nacieran fueran asesinados.

Se cumplió, entonces, el tiempo en que Dios, fiel a sus promesas, había de liberar a los descendientes de Abraham y pactar una alianza con ellos. Se abría así una etapa crucial en el desarrollo de la acción salvadora de Dios en la historia.

2.- Vocación de Moisés

Moisés pastoreaba el rebaño de su suegro Jetró, sacerdote de Madián. Trashumando con el rebaño por el desierto, llegó hasta Horeb, la montaña de Dios. Allí se le apareció el ángel de Yahveh en llama de fuego, en medio de una zarza. Moisés vio que la zarza ardía, pero no se consumía. Dijo, pues, Moisés: «Voy a acercarme para ver este extraño caso: por qué no se consume la zarza.» Cuando Yahveh vio que Moisés se acercaba para mirar, le llamó de en medio de la zarza: «¡Moisés, Moisés!» Él respondió: «Heme aquí.» Le dijo: «No te acerques aquí; quita las sandalias de tus pies, porque el lugar que pisas es suelo sagrado.» Y añadió: «Yo soy el Dios de tu padre, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob.» Moisés se cubrió el rostro, porque temía ver a Dios.
Yahveh le dijo: «He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto, he escuchado el clamor ante sus opresores y conozco sus sufrimientos.
He bajado para librarlo de la mano de los egipcios y para subirlo de esta tierra a una tierra buena y espaciosa; a una tierra que mana leche y miel, al país de los cananeos, de los hititas, de los amorreos, de los perizitas, de los jivitas y de los jebuseos. Así pues, el clamor de los israelitas ha llegado hasta mí y he visto la opresión con que los egipcios los afligen. Ahora, pues, ve: yo te envío al faraón para que saques a mi pueblo, los israelitas, de Egipto.»
Moisés dijo a Dios: «¿Quién soy yo para ir al faraón y sacar de Egipto a los israelitas?» Dios le respondió: «Yo estaré contigo y ésta será la señal de que yo te envío: Cuando hayas sacado al pueblo de Egipto daréis culto a Dios en este monte.»
Contestó Moisés a Dios: «Si voy a los israelitas y les digo: 'El Dios de vuestros padres me ha enviado a vosotros'; y ellos me preguntan: '¿Cuál es su nombre?', ¿qué les responderé?» Dijo Dios a Moisés: «Yo soy el que soy.» Y añadió: «Así dirás a los israelitas: 'Yo soy' me ha enviado a vosotros.» Siguió Dios diciendo a Moisés: «Así dirás a los israelitas: Yahveh, el Dios de vuestros padres, el Dios de Abrahán, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob, me ha enviado a vosotros. Éste es mi nombre para siempre, por él seré recordado generación tras generación.»
(Ex 3,1-15)

Dios habló a Moisés y le dijo: «Yo soy Yahveh. Me aparecí a Abrahán, a Isaac y a Jacob como El Sadday; pero mi nombre de Yahveh no se lo di a conocer. Después establecí con ellos mi alianza, para darles la tierra de Canaán, la tierra donde peregrinaron y moraron como forasteros. Y ahora, al escuchar el gemido de los israelitas, esclavizados por los egipcios, he recordado mi alianza. Por eso, di a los israelitas: Yo soy Yahveh; Yo os sacaré de los duros trabajos de los egipcios, os libraré de su esclavitud y os redimiré con brazo tenso y juicios solemnes. Yo os haré mi pueblo, y seré vuestro Dios; y sabréis que yo soy Yahveh, vuestro Dios, que os sacaré de la esclavitud de Egipto. Yo os introduciré en la tierra que he jurado dar a Abrahán, a Isaac y a Jacob, y os la daré en herencia. Yo, Yahveh.» Moisés habló así a los israelitas, pero ellos, abrumados por la dura servidumbre, no le hicieron caso.
Entonces Yahveh dijo a Moisés: «Vete, habla con el faraón, rey de Egipto, para que deje salir a los israelitas de su país.» Pero Moisés respondió así ante Yahveh: «Si los israelitas no me hacen caso, ¿cómo me hará caso el faraón, a mí que soy torpe de palabra?» Yahveh habló a Moisés y a Aarón: les transmitió órdenes para los israelitas y para el faraón, rey de Egipto, a fin de sacar a los israelitas del país de Egipto.
(Ex 6,2-13)

Para dar libertad a su pueblo Dios elige a un hombre, Moisés, a quien protege desde su nacimiento. Fue salvado por las aguas (signo del Bautismo) y adoptado por la hija del faraón. Si bien fue educado en la corte faraónica, por su sangre y por su familia era hebreo y se sentía totalmente solidario de su pueblo oprimido. Un día, al ver que era maltratado un hermano de raza, estalla en rabia y mata a un capataz egipcio. Temiendo caer en manos de la policía del faraón huye al desierto. Y en ese desierto Dios se le manifiesta y le muestra su preocupación: el sufrimiento del pueblo a causa de su esclavitud... Dios conoce bien a Moisés y conoce bien a su pueblo. Sus aflicciones y sus tormentos; sus ansias y sus esperanzas; su pobreza y su desconfianza; sus rebeldías y conformismos. Dios le pide a Moisés que libere a su pueblo. A pesar de su resistencia inicial (Ex 4,1.10.13), Moisés, que se siente sobrepasado por la misión que Dios le encomienda, acepta.

Porque la Promesa sigue vigente, Dios también se da a conocer: Su nombre es YHWH. Mucho se ha investigado y escrito sobre la significación del término "Yhwh" (Yavé). Según las opiniones más fundadas, originariamente significaba "el que es", "el que hace existir". Es una significación dinámica, histórica, vital, que incluye la posterior significación de "Yo soy el que soy", propia de la tradición sacerdotal; pero la supera, en cuanto se adecua mucho mejor tanto a la acción salvadora como a la acción creadora de Dios. El que hace existir salvando: ese es Dios.
Yhwh, "el que es", "el que crea", "el que obra", en contraposición a los dioses falsos, "que no son", "que no salvan".

El conocimiento del nombre es un hecho muy importante para la mentalidad hebrea y para todo el modo de pensar del entorno en el que vive el pueblo. Según ellos, el nombre y la persona se identifican; conocer el nombre comporta amistad e intimidad muy grandes. Dar a conocer su nombre está de acuerdo con la relación que Dios establece con su pueblo: "Yo los adoptaré, ustedes serán mi pueblo y yo será el Dios de ustedes". Más adelante, en el decálogo de Moisés, se prohibirá pronunciar el nombre de Dios (Yhwh), con el objeto de evitar que, usando el nombre, a través de la magia, pretendiera alguien utilizar a Dios.

Cuando los LXX sabios judíos tradujeron las Escrituras al griego, el nombre Yhwh fue traducido como "el Señor", para no pronunciarlo. Los escritores del N.T. usaron esta designación. Las Biblias ecuménicas nunca usan el nombre de Yhwh, sino que lo reemplazan por el Señor, o por Adonai (mi Señor), por respeto a los judíos y por continuidad con el N.T.
Yahveh, Yaho, Yah, (como también se lo nombra a Dios) son formas arcaicas de la 3ª persona del verbo ser. La posterior interpretación "Yo soy el que soy" ('ehyeh 'aler 'ehyeh), vendría a significar una manera de Dios de autodesignarse El innombrable (el inmanejable).

En su conversación con Moisés, Yhwh no sólo se hace conocer por el nombre, sino también por su relación con los antepasados del pueblo. Es un Dios que está cerca. Es un Dios amigo y compañero. Es un Dios que comparte la historia del pueblo desde sus comienzos. Se presenta como un viejo conocido: el Dios DE Abraham, DE Isaac, DE Jacob; el Dios de la promesa, el mismo Dios de la antepasados. Es de ellos.
Los patriarcas lo conocían como "El-Sadday".

Y por ser el Dios amigo, el Dios de la Promesa, hace mirar hacia adelante, hacia el futuro.

"A ustedes los tomaré para pueblo mío. Y en adelante conocerán que yo soy Yhwh, Dios de ustedes que quité de sus espaldas el yugo de Egipto. Yo los introduciré en la tierra que con juramento prometí darles a Abraham, a Isaac y a Jacob; y se la daré como herencia propia" (Ex 6,8).

No sólo es el Dios de los Padres, sino también de los hijos, que tendrán que ser "bendición" para todas las razas del mundo.

"Bendeciré a quienes te bendigan y maldeciré a quienes te maldigan. En ti serán benditas todas las razas de la tierra." (Gén 12,3).

3.- La Lucha por la Liberación del Pueblo (Ex 3-10)

Moisés vuelve a Egipto y se dirige a su pueblo. La liberación no es fácil. Ciertamente es un don de Dios a su pueblo, pero implica también el trabajo y la lucha de quienes aceptan el desafío de la libertad. Dios lleva a la libertad y a la exaltación a través del dolor, y concede el don prometido tras la respuesta humana en la fe.

Por su situación denigrante el pueblo puede aparecer como incapaz de reaccionar y, por lo tanto, necesitado de un acicate. En un primer momento, no cree que su situación pueda cambiar. Aparece como derrotado aún antes de la lucha.

"Así habló Moisés a los hijos de Israel, pero no le hicieron caso, porque estaban desanimados y agobiados por sus duras labores." (Ex 6,9).

Pero Dios pone signos que lo hacen despertar, signos que avivan la mecha apenas humeante. La lucha empieza. La fe se afianza.
Por lo duro y sacrificado que significa luchar por la libertad, el pueblo tiene algunos momentos de desaliento y retrocesos. Llega a sentir miedo a la libertad y a preferir su situación de opresión.

Al acercarse el faraón, los israelitas alzaron sus ojos, y viendo que los egipcios marchaban tras ellos, temieron mucho los israelitas y clamaron a Yhwh. Y dijeron a Moisés: "¿Acaso no había sepulturas en Egipto para que nos hayas traído a morir en el desierto? ¿Qué has hecho con nosotros sacándonos de Egipto? ¿No te dijimos en Egipto: Déjanos en paz, serviremos a los egipcios, pues más nos vale servir a los egipcios que morir en el desierto?" (Ex 14,10-12).

El proceso del pueblo hacia la consecución de la libertad se nos presenta a través de la narración de las diez plagas. Son signos destinados a hacer reflexionar a los egipcios sobre su actitud y a los hebreos sobre el compromiso de Dios por la libertad. Dios está junto a su pueblo trabajando con brazo fuerte en favor de la libertad. Con la lucha, Dios salva a su pueblo de la opresión injusta y, a su vez, da al opresor la oportunidad de reconocer su culpa y cambiar de actitud.
Pero sólo con la décima plaga, la muerte de los primogénitos, suena la hora de la liberación.

4.- La Celebración de la Pascua y la Salida (Ex 12-15)

La Pascua:

La hora de la liberación coincide con la celebración de la Pascua. Por la sangre del cordero que teñía los dinteles de las puertas, fueron salvados los hijos de Israel. El cordero salvador se hizo alimento para la marcha del pueblo hacia la libertad en la tierra prometida, atravesando el mar Rojo. Es imposible no ver aquí un anuncio y una figura de la Pascua Cristiana y de su actualización litúrgica en la celebración de la Eucaristía. Por la sangre de Cristo son salvados todos los hombres, y la Eucaristía es el alimento de la marcha hacia la Nueva Tierra Prometida, el reino de Dios por fin consumado en la Vida Eterna.

Yhwh dijo a Moisés y a Aarón en el país de Egipto: «Este mes será para vosotros el primero de los meses; será para vosotros el primer mes del año. Decid a toda la comunidad de Israel: El día diez de este mes cada uno tomará una res por familia, una res por casa. Si la familia es demasiado pequeña para comer la res, que la comparta con el vecino más próximo, teniendo en cuenta el número de personas y la ración que cada cual pueda comer. Será una res sin defecto, macho, de un año. La escogeréis entre los corderos o los cabritos. La guardaréis hasta el día catorce de este mes; y, congregada toda la comunidad de Israel, la inmolará al atardecer. Tomaréis luego la sangre y untaréis las dos jambas y el dintel de las casas donde la comáis. Esa noche comeréis la carne. La comeréis asada al fuego, con ázimos y con hierbas amargas. No comeréis de ella nada crudo ni cocido, sino asado al fuego con su cabeza, patas y vísceras. No dejaréis nada hasta la mañana; pero si sobra algo, al amanecer lo quemaréis. La comeréis así: con la cintura ceñida, los pies calzados y el bastón en la mano; y la comeréis de prisa. Es la Pascua de Yhwh. Esa noche yo pasaré por el país de Egipto y mataré a todos los primogénitos del país de Egipto, de los hombres y de los animales, y haré justicia con todos los dioses de Egipto. Yo, Yhwh. La sangre os servirá de señal en las casas donde estéis. Cuando yo vea la sangre, pasaré de largo; y no os afectará la plaga exterminadora, cuando yo hiera al país de Egipto. Este día será memorable para vosotros; en él celebraréis fiesta a Yhwh; de generación en generación como ley perpetua, lo festejaréis.» (Ex 12,1-14).

Este pasaje tiene tres versiones, con distinta antigüedad cada una, que reflejan distintas épocas y costumbres:

- La más antigua es Ex 12,43-51 (sacerdotal)
- El relato de Ex 12,21-28 (yahvista) es posterior.
- Y el trozo de Ex 12,1-14 (sacerdotal) es una elaboración tardía.
Las indicaciones que se dan entre los tres son, en síntesis:
- Se comerá un cordero (o cabrito) sin quebrarlo ni dejar carne.
- La celebrará todo el pueblo, la noche del 14 de Nisán.
- No participará ningún extranjero (o deberá ser circuncidado).
- Se comerá en familia, dentro de la casa.
- Se untará con la sangre el marco de la puerta.
- Se celebrará de generación en generación.
- Se le explicará a los niños el sentido de todo esto.
- Se comerá deprisa, con ropa de viaje.
Esta tradición de celebrar la fiesta de Pascua siguiendo estas indicaciones inaugura un modo celebrativo llamado "memorial", que caracterizará a las celebraciones cristianas, entre ellas la Eucaristía. Es el hecho de rememorar y volver a hacer presente y activa la obra de Dios.

Esa gran Pascua celebrada por los judíos en la noche de su liberación será luego festejada y re-presentada anualmente como memorial de la presencia salvadora de Dios en su pueblo. Esta primera pascua pasa a ser arquetipo de todas las pascuas que durante siglos celebrarán los judíos. (Jesucristo, al celebrarla en su última cena, le renovará el sentido.)

La salida de Egipto:

Por fin los hebreos logran su libertad gracias al don de Dios, y se encaminan hacia el desierto, a través de los vados del Mar Rojo (o Mar de los Cañaverales).

Moisés extendió su mano sobre el mar, y Yhwh hizo retroceder el mar mediante un fuerte viento del este que sopló toda la noche; el mar se secó y las aguas se dividieron. (Ex 14,21).

Por la acción providente de Dios, los judíos se salvan atravesando las aguas del Mar Rojo, las que, a su vez, impiden el paso al faraón y su ejército que los perseguía. Gracias a este acontecimiento, el conglomerado de hombres y mujeres que se vieron libres del poder opresor, comenzaron a ser verdaderamente un pueblo, con autonomía y organización propias. Con su líder político -Moisés- y su líder religioso -Aarón- y con un destino común. Por fin es de verdad UN PUEBLO. Poco después, en el Sinaí, será consagrado como PUEBLO DE DIOS.

Para comprender los sentimientos de este pueblo recién nacido de las aguas del Mar Rojo al encontrarse libre y dueño de su propio destino, conviene leer el Cántico de Moisés:

Entonces Moisés y los israelitas cantaron este cántico a Yhwh: «Canto a Yhwh, esplendorosa es su gloria, caballo y jinete arrojó en el mar. Mi fortaleza y mi canción es Yhwh. Él es mi salvación. Él es mi Dios: yo lo alabaré, el Dios de mi padre, yo lo exaltaré. ¡Yhwh es un guerrero, Yhwh es su nombre!
Los carros del faraón y sus soldados precipitó en el mar. La flor de sus guerreros tragó el mar de Suf; los abismos los cubrieron, descendieron hasta el fondo como piedra.
Tu diestra, Yhwh, impresionante por su esplendor; tu diestra, Yhwh, aplasta al enemigo. Tu inmensa grandeza derriba al adversario. Arde tu furor y los devora como paja. Al soplo de tu ira se aglomeraron las aguas, se irguieron las olas como un dique, los abismos se helaron en el fondo del mar.
Dijo el enemigo: "Perseguiré, alcanzaré, repartiré el botín, saciaré mi sed en ellos, desenvainaré mi espada, los aniquilará mi mano." Pero soplaste con tu aliento, los cubrió el mar; se hundieron como plomo en las aguas impetuosas.
¿Quién como tú, Yhwh, entre los dioses? ¿Quién como tú, glorioso en santidad, terrible en prodigios, autor de maravillas?
Extendiste tu diestra, los tragó la tierra. Guiaste con bondad al pueblo que rescataste, los condujiste con poder a tu santa morada.
Lo oyeron los pueblos y se turbaron, produjo escalofríos en los habitantes de Filistea. Los príncipes de Edom se estremecieron, se angustiaron los jefes de Moab y todas las gentes de Canaán temblaron. Pavor y espanto cayeron sobre ellos. Bajo la fuerza de tus brazos enmudecieron como piedras, hasta que pasó tu pueblo, Yhwh, hasta que pasó el pueblo que adquiriste.
Lo introduces y lo plantas en el monte de tu heredad, lugar que preparaste para tu morada, Yhwh, santuario, Adonay, que fundaron tus manos. ¡Yhwh reinará por siempre jamás!»
Cuando los caballos del faraón, con sus carros y sus jinetes, entraron en el mar, Yhwh hizo que las aguas del mar volvieran sobre ellos; en cambio, los israelitas pasaron en seco por medio del mar.
María, la profetisa, hermana de Aarón tomó en sus manos un tamboril y todas las mujeres la seguían con tamboriles y danzando. Y María les entonaba: «Cantad a Yhwh, espléndida es su gloria, caballo y jinete arrojó en el mar.»
(Ex 15,1-21).

También en este paso por las aguas encontramos una resonancia, un anuncio sacramental: del bautismo. El bautismo cristiano libera de la antigua esclavitud del pecado y construye el Nuevo Pueblo que es la Iglesia. En el agua se muere a un estilo de vida para renacer a otro. De ser esclavos se pasa a ser hijos.

Los estudiosos hablan de al menos dos salidas de grupos hebreos de Egipto: una expulsión (que habría ido por el norte hacia Cades, en 1552) y una huida, dirigida por Moisés (que habría atravesado el Mar de las cañas hacia Cades, en 1250).


Bibliografía recomendada:

Para leer la Biblia - J. Bagot y J. Dubs - Ed. Verbo Divino - Estella 1991
Para leer el Antiguo Testamento - E. Charpentier - Ed. Verbo Divino - 1991
Historia de la salvación - J. Croatto - Ed. Paulinas - Florida 1983
Los traje hacia mí - AA.VV. - Ed. Claretiana - Buenos Aires 2000
Introducción a la Biblia - Robert-Feuillet - Ed. Herder - Barcelona 1965
Biblia de Jerusalén - Ed. DDB - Bilbao 1998
El Libro del Pueblo de Dios - Ed. Paulinas - Buenos Aires 1991
La nueva Biblia Latinoamericana - Ed. Paulinas-V.Divino - Madrid 1995

Este artículo originalmente fue confeccionado por el P. Gustavo Vietti en base a la bibliogafía recomendada, para uso de la Escuela de Servicios y Ministerios de la Diócesis de Viedma (Argentina).


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