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MENSAJE DE LA NAVIDAD DEL 2011

de los Obispos de la Región Patagonia-Comahue

(Diócesis del Alto Valle, Comodoro Rivadavia, Neuquén,
Río Gallegos, San Carlos de Bariloche, Viedma, Esquel)

 

"El amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones" (Rom.5,5)
¿Cuál es nuestra respuesta?

 

 

Queridos hermanos y hermanas,

Como todos los años queremos compartir con todos Uds. la preparación de la fiesta de Navidad.

 
INTRODUCCIÓN

Regalos, papá Noel, "arbolito de Navidad", vidrieras llenas de ofertas, preocupación por "la mesa navideña",... son temas frecuentes de nuestras conversaciones en este tiempo de Navidad

Pero, ¿Qué es Navidad? ¿Qué celebramos?

La respuesta es simple, y la encontramos fijando nuestra mirada en el pesebre. Navidad es la celebración anual del nacimiento de Jesús, el Hijo de Dios y de María. Es la renovación anual del amor de Dios Padre para toda la humanidad: "Tanto amó Dios al mundo que envió a su Hijo único para que todo el que cree en él no muera, sino que tenga Vida eterna" (Jn. 3,16) Y Jesús vino para que "tengamos vida y vida en abundancia" (Jn. 10,10)

Es por eso que queremos reflexionar con Uds. sobre dos realidades que brotan de la Navidad: la fe y la vida.

 
1- LA FE EN DIOS

Con el Salmista decimos: "Mi alma tiene sed de Dios, del Dios viviente" (Sal. 42,3). Hoy esto sigue siendo real. El hombre contemporáneo siente necesidad de conocer más a Dios. Dios no ha desaparecido, ni ha muerto. Está presente en nuestras conversaciones ("Si Dios quiere"), en nuestros momentos de alegría ("Gracias a Dios") o de dolor ("Dios, ayúdame"). Dios está presente entre nosotros. Somos un pueblo creyente.

La sed indica la necesidad de un elemento, el agua, esencial para la vida. Cuando alguien tiene sed no puede hacer nada, siente que le falta algo que tiene que encontrar y tomar. Se afirma que si hubiera una nueva guerra mundial, sería por tener agua.

Todos tenemos sed, no sólo de agua, sino de Dios, de un ser trascendente que calme nuestras ansiedades, nuestra búsqueda de felicidad, nuestro deseo de eternidad, que dé el verdadero sentido a la vida.

En esta Navidad reconocemos abiertamente que tenemos "sed de Dios" y que necesitamos recibirlo en ese niño "envuelto en pañales" nacido en Belén.

Por eso podemos preguntarnos:

a) ¿Cuándo en la vida hemos experimentado tener sed de algo más, "sed de Dios"?

b) ¿Cómo hemos tratado de calmarla?

c) ¿Nos hemos encontrado con el, Dios que calma nuestra "sed"? ¿Dónde?
 
 
Podemos hacer nuestra esta breve oración:

"Quédate con nosotros, Señor, fortalece nuestra fe de discípulos siempre atentos a tu voz. Ayúdanos a sentir la belleza de creer en Ti"

 
 

2- LA VIDA

El Dios que nos presenta la Navidad es el Dios de la Vida. Nos dice el profeta Isaías en la Nochebuena: "les ha nacido un niño" (Is. 9,5). Cuando en una familia nace un nuevo miembro, todos están contentos, felices y la vida se renueva en cada uno. Y al mismo tiempo nace el compromiso de cuidarla, protegerla, ayudarla a que se desarrolle.

Pero debemos reconocer, con gran preocupación, que en nuestra sociedad no siempre se permite a un niño nacer, y que no siempre se procura que la vida de los que han nacido sea plena y total. El aborto, la violencia familiar, la pobreza, la falta de una vivienda digna, de una educación de calidad para todos, de una salud pública eficaz: son otros tantos elementos que impiden el nacimiento y el desarrollo de una vida verdaderamente humana.

Volvemos a preguntarnos:

a) ¿Por qué toda persona, todo pueblo, no debe, no puede aceptar el aborto?

b) ¿De qué manera podemos ayudar el desarrollo de la vida en todos sus aspectos?
 
 
Nuevamente rezamos:

"Quédate con nosotros, Señor, Tu que eres la Vida, quédate en nuestros hogares y en ellos nazca y crezca la vida humana generosamente"

 
 

3- NUESTRA RESPONSABILIDAD DE BAUTIZADOS

En esta Navidad con el apóstol Pablo decimos "Bendito sea Dios Padre que nos ha bendecido en Cristo con toda clase de bienes" (Ef.1,3). Bendición que hacemos propia por medio del Bautismo. En el Bautismo, Dios Padre nos ha donado su vida, nos ha hecho hijos suyos y nosotros lo hemos reconocido y crecemos reconociéndolo como Padre nuestro.

Este ser hijos de Dios es nuestro compromiso de vida, es como nuestro ADN y comporta nuestra actitud de servicio a la vida, a la familia de los hijos de Dios (la Iglesia) y a toda la sociedad. La misma actitud que tuvo Jesús y que les enseñó a los Apóstoles a tener.

No podemos quedarnos con los brazos cruzados, sin hacer nada. Al contrario, estamos todos invitados a desarrollar los dones que Dios nos ha dado para el bien de todos: "Hay diversidad de dones, pero todos proceden del mismo Espíritu. Hay diversidad de ministerios, pero un solo Señor. Hay diversidad de actividades, pero es el mismo Dios el que realiza todo en todos. En cada uno el Espíritu se manifiesta para el bien común" (1 Cor. 12,4-7).

Es lo que la Navidad nos recuerda con fuerza. Dios llamó:

• A María a ser la madre de Jesús,

• A José a ser el hombre de esa particular familia,

• A los pastores a ser los primeros en conocer el don del amor de Dios y a comunicarlo

• A los Ángeles a proclamar la alabanza festiva

• A los ancianos Simeón y Ana a atestiguar que en el Niño Jesús se cumple la promesa dada por Dios al pueblo de la Antigua Alianza.

Nuevamente nos preguntamos:

a) ¿Qué don me ha dado Dios Padre?

b) ¿He reconocido el don de Dios y lo he puesto a servicio de los hermanos?

c) ¿Me uno con otros para anunciar, con mi vida y mis palabras, la presencia de Jesús, Señor de la Vida, en el mundo?
 
 
Continuamos rezando:

"Quédate con nosotros Señor, envíanos como misioneros alegres para que nuestro pueblo en ti adore al Padre". Padre Dios ¿qué quieres que haga con mi vida?

 
 

CONCLUSIÓN

La Navidad demuestra claramente que Dios confía plenamente en nosotros hasta enviarnos a su mismo Hijo a vivir con nosotros. "¿Cuál es nuestra respuesta?" ¿Nosotros le respondemos con nuestra fe en ÉL y nuestra vida cristiana?
¡Feliz Navidad y abundantes bendiciones para el 2012! Dios nos bendice y espera que cada uno sea bendición suya para los demás.
 

Diciembre del 2011


 
 
 

Virginio Bressanelli, scj
Obispo de Neuquén
 

 

Joaquín Gimeno Lahoz
Obispo de Comodoro
Rivadavia

 

Juan C. Romanín, sdb
Obispo de Río Gallegos
 

 

Marcelo A. Melani, sdb
Obispo emérito de
Neuquén

 

Marcelo A. Cuenca
Obispo del Alto Valle del
Río Negro

 

Esteban M. Laxague, sdb
Obispo de Viedma
 

 

José Slaby, C.Ss.R.
Obispo de la Prelatura de
Esquel

 

 

Miguel Ángel D'Annibale
Obispo Auxiliar de
Río Gallegos

 

Fernando C. Maletti
Obispo de San Carlos de
Bariloche

 

Miguel E. Hesayne
Obispo emérito de Viedma

 

Néstor H. Navarro y
Pedro Pozzi, sdb

Obispos eméritos del Alto
Valle del Río Negro

 


 

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