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MENSAJE DE NAVIDAD 2017

de los Obispos de la Región Patagonia-Comahue

(Diócesis del Alto Valle, Comodoro Rivadavia, Esquel,
Neuquén, Río Gallegos, San Carlos de Bariloche, Viedma)

 

"¡Tenemos una muy buena noticia!"

 

 

Queridos hermanos y hermanas:

Ciertamente todos habremos experimentado alguna vez esa gran alegría que brota ) cuando escuchamos que alguien nos dice: "Tengo una muy buena noticia para darte". Ante una situación así se enciende nuestra curiosidad y nos preguntamos ¿qué será?

1. El nacimiento de Jesús es la buena noticia

Muy pronto, en la nochebuena, el ángel nos anunciará la gran noticia: "¡Hoy les ha nacido el Salvador, que es el Mesías, el Señor!” (Lc 2,11). Ese ¡HOY! y no mañana ni quién sabe cuándo, nos interpela. Es bueno, entonces, que hoy volvamos a preguntarnos: ¿Cómo esperamos el nacimiento de Jesús?

Tal vez hemos armado ya el árbol de Navidad o hemos puesto el pesebre en el mismo rincón de la casa en que lo colocamos cada año. Tal vez hemos buscado los mejores precios para comprar un pan dulce, unas garrapiñadas, una sidra... Pero ¿no será muy poco todo eso para manifestar la alegría de la mejor noticia que la humanidad ha recibido en su historia y que no habrá otra igual?

Hace más de dos mil años, unos pobres pastores recibieron, ellos los primeros, esa Buena Noticia. Ellos vivían en un país dominado por un imperio poderoso. No poseían nada propio. Es más: eran excluidos de la sociedad por su trabajo con los animales y considerados sucios, incultos e impuros. En su corazón no esperaban otra cosa que vivir en paz con todos, sin ser maltratados ni insultados. ¿Cuál podía ser para ellos "la buena noticia"? Justamente la que escucharon entonces y que culminaba expresándoles: "¡Paz a los hombres que ama el Señor!" (Lc 2,14). La paz, tan lejana en sus vidas, les llega en ese niño recién nacido, el Emmanuel, ¡Dios con nosotros!

2. Paz a los hombres que ama el Señor

Pero ¿a quienes ama el Señor? ¡Dios ama a todos! Su paz es, por tanto, para todos, porque para todos ha nacido el Señor de la paz. Él es el único capaz de regalarnos una paz verdadera, no como la da el mundo (Jn.14, 27). Paz que nos invita a reunirnos todos en la única familia de hijos e hijas suyos. Paz que todos anhelamos y soñamos continuamente. Paz que vence las discordias y el odio. Paz que nos permite superar divisiones y "grietas". Paz que sana las heridas. Paz que es don de Dios pero también... ¡tarea nuestra!

Hemos de trabajar, por tanto, para que haya paz verdadera en nuestras comunidades cristianas, en nuestras familias, en nuestros pueblos y ciudades, en nuestra nación y, ante todo, en nosotros mismos. No podemos quedarnos de brazos cruzados. Tenemos que buscar y poner los gestos, las decisiones y los pasos adecuados para que la paz que Dios nos regala reine efectivamente. ¡La paz es una opción!

3. El perdón, camino para la paz

Veinte años atrás, San Juan Pablo II nos dirigió un mensaje para la Jornada Mundial de la Paz con el título muy actual: “Ofrece el perdón, recibe la paz”. En dicho mensaje afirmaba: "Ciertamente son muchos los factores que pueden favorecer el restablecimiento de la paz, salvaguardando las exigencias de la justicia y de la dignidad humana. Pero no podrá emprenderse nunca un proceso de paz si no madura en los hombres una actitud de perdón sincero... El perdón ofrecido y aceptado es premisa indispensable para caminar hacia una paz auténtica y estable" (Juan Pablo II, Mensaje para la XXX Jornada Mundial de la Paz, 01/01/1997, n. 1). ¡Ofrecer y recibir el perdón por cuanto nos ha dividido y enemistado!

¿Nos animamos a llegar a la paz por el camino del perdón? Perdonar no es ignorar el mal ni consentir al culpable. El perdón necesita la verdad. Donde hay mentira y falsedad, donde hay corrupción y manipulación ideológica, crecen las sospechas y divisiones y el perdón y la paz no pueden nacer. El perdón llama también a la justicia para restablecer las relaciones auténticas con los demás. El perdón no elimina ni disminuye la exigencia "de la reparación, que es propia de la justicia, sino que trata de reintegrar, tanto a las personas como a los grupos, en la sociedad" (Juan Pablo II, ídem, n. 5).

4. El perdón es posible

Cuando he recibido una ofensa muy grande; cuando me han arrebatado un ser querido; cuando me han dejado sin nada, privado de lo necesario para una vida digna; cuando me han maltratado y usado; cuando me han mentido y engañado ¿es posible perdonar? No cabe duda que en algunas ocasiones perdonar sinceramente puede resultar incluso heroico. Esa grandeza de espíritu sólo es posible si nuestro corazón ha experimentado el amor primero, incondicional y gratuito de Dios, que en su Hijo Jesucristo nos ofrece siempre el perdón a todos sin excepción.

Es verdad que a veces hasta dudamos del amor de Dios. Sin embargo, si ponemos nuestra mirada en la vida de tantas personas de ayer y de hoy, testigos del amor; si acogemos con corazón abierto su Palabra divina, renacerá inconmovible esta certeza: ¡su Amor siempre está! Cómo no recordar esa expresión admirable en la que Él nos confirma su amor: "¿Puede una madre olvidarse de su criatura, dejar de querer al hijo de sus entrañas? Pero, aunque ella se olvide, yo no te olvidaré" (Is 49,15).

5. El perdón y la vida fraterna

Al repasar nuestra vida personal, familiar y social descubrimos que no sólo necesitamos sabernos amados por el Padre, sino que también necesitamos sabernos y reconocernos hermanos. Su Amor a todos crea y recrea entre todos los hombres la fraternidad. Jesús que nace nos hace hijos de su mismo Padre y, por eso mismo, ¡nos hace hermanos! ¿Estamos dispuestos a reconocemos hermanos y a vivir esta fraternidad?

Por tanto, en el camino del perdón y la reconciliación hemos de descubrir y reconocer en cada persona el bien precioso que posee en lo más íntimo y profundo de su existencia por ser creatura e hijo de Dios. Sobre todo hemos de aprender a mirar y tratar a todos como hermanos: familiares, amigos, vecinos, compañeros de trabajo y también aquellos que piensan distinto, que nos parecen contrarios y con quienes nos resulta difícil poder hablar y comprendemos. "Si no estoy en paz con mis hermanos, no puedo decir “Padre” a Dios. No se puede rezar con enemigos en el corazón, con hermanos y enemigos en el corazón... Pidamos al Espíritu Santo que nos enseñe a decir “Padre” y a poder decir “¡nuestro!” haciendo las paces con todos nuestros enemigos" (Papa Francisco, L’Osservatore Romano, 23/11/2017).

6. La paz social en la Argentina, asignatura pendiente

Termina un año que nos deja la certeza que la paz social en Argentina es una asignatura pendiente y siempre amenazada. Baste mencionar aquí las especulaciones y oscuridades que envuelven hechos que nos conmueven humanamente y que en la Patagonia nos tocan muy de cerca: la desaparición y muerte de Santiago MaIdonado; el asesinato de RafaeI NahueI; el accidente del submarino Ara San Juan con sus 44 tripulantes; la equiparación errada entre un grupo violento (RAM) y la entidad cultural y pacífica del pueblo mapuche; los muchos reclamos justos pero improcedentes, a veces por su agresividad, intolerancia o falta de respeto y con estrategias al margen de la ley; el avasallamiento de ideologías que quieren imponerse destruyendo otras instituciones y valores diferentes, etc...

Como Iglesia que peregrina en la Patagonia queremos denunciar el manejo político e ideológico de la figura del Papa. Desconcierta al mundo, y nos duele como creyentes, ver la poca altura de compatriotas que usan de su figura para sacar réditos políticos o que crean opinión acerca de él, desconociendo -por ignorancia, por falta de profesionalidad o intencionalmente- la identidad espiritual y universal de su ministerio pastoral.

Concluyendo

En este contexto anhelamos la paz. Para alcanzarla necesitamos comenzar por un profundo sinceramiento y, dejando de lado las posturas disolventes, asumir el firme compromiso de construirla cotidianamente. Conscientes de un pluralismo que nos enriquece a todos, hemos de apostar a la unidad de la Nación Argentina hecha de pueblos originarios, criollos y migrantes.

Construyamos la paz de cada día en el diálogo, el respeto, la tolerancia, las decisiones consensuadas. Con actitudes civiles despojadas de intereses mezquinos e ideológicos que vician los legítimos reclamos. Apostando honestamente a soluciones reales, justas, definitivas. Necesitamos una paz que, asentada en la verdad, descarta tanto la violencia de la mentira o de las medias verdades como cualquier otro tipo de violencia.

De esta buena noticia de la paz que nos trae Jesús en esta nueva Navidad, todos somos responsables, especialmente quienes tenemos mayores oportunidades, más recursos y más autoridad. ¿Nos resultará imposible? ¡Todo es posible para el que cree!, nos diría María, Madre de Jesús y Madre nuestra. Y Dios mismo viene en nuestra ayuda y nos vuelve a entregar a su Hijo para que por Él, con Él y en Él tengamos la fortaleza y sabiduría necesarias para VIVIR EN PAZ CON TODOS.

¡La paz y la bendición de Jesús llegue a todos ustedes en esta nueva Navidad!
 

Diciembre 2017


 
 
 

Juan José Chaparro, cmf
Obispo de San Carlos de
Bariloche

 

Miguel Ángel D'Annibale
Obispo de Río Gallegos
 

 

José Slaby, c.ss.r.
Obispo de la Prelatura
de Esquel
 

 

Virginio D Bressanelli, scj
Obispo emérito de
Neuquén
 

 

 

Fernando Croxatto
Obispo de Neuquén
 

 

Joaquín Gimeno Lahoz
Obispo de Comodoro
Rivadavia

 

Robart P. Álvarez y Alejandro P. Benna
Obispos electos auxiliares
de C. Rivadavia 

 

Miguel E. Hesayne
Obispo emérito de Viedma
 

 

Néstor H. Navarro
Obispo emérito de Alto
Valle del Río Negro

 

Marcelo A. Cuenca
Obispo de Alto Valle del
Río Negro

 

Esteban M. Laxague, sdb
Obispo de Viedma
 

 

Fernando M. Bargalló
Obispo emérito de
Merlo-Moreno
 

 

Marcelo A. Melani, sdb
Obispo emérito de
Neuquén

 

 


 

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